El reiki como armonizador de nuestro tiempo

| 11 junio, 2013 | 0 Comentarios

El Reiki, nacido como disciplina en japón, se basa en la imposición de manos a través de distintas posiciones en el cuerpo y su estudio se constituye a través de una formación dividida en tres niveles diferenciados. Fue Sensei Mikao Usui quien se encargo de formalizar esta técnica milenaria y darle el nombre de “Reiki” en 1908. Hoy es reconocida como una terapia complementaria y se aplica en muchos hospitales, geriátricos y centros médicos de todo el mundo.
Dr. Usui

Su aplicación consiste en tratar los distintos campos energéticos del cuerpo con las manos, empezando por la cabeza y acabando en los pies. El terapeuta, según la persona que va a recibir la sesión, decide o mejor dicho percibe, donde ha de permanecer más tiempo canalizando la zona que está tratando. El promedio está entre dos y cuatro minutos por zona, pero este periodo de tiempo puede variar según la necesidad, lo que un tratamiento de Reiki puede variar, llegando a durar en algunos casos más de una hora.

En una sesión de Reiki se armonizan los campos energéticos del receptor y el terapeuta entre sí, siendo pues el fin último del Reiki que la persona que recibe la canalización se sienta más completa y conectada con su esencia interior.

*Entendamos por energía la esencia por lo cual todo existe y es constituido. En otras palabras, lo que emana la vida.

Para que la terapia tenga el éxito esperado, el terapeuta ha de tener un contacto maduro con el hibiki. En otras palabras ha de conocer las distintas manifestaciones por las cuales es posible percibir el campo energético del receptor. En su evolución el Reiki incluye un aprendizaje de los centros energéticos que rigen en toda persona, los cuales son conocidos con el nombre de Chakras. Según la bibliografía oficial, existen dos grupos importantes de chakras, siete principales en la alineación vertebral y veintiuno secundarios distribuidos por el cuerpo, dos de ellos los de las manos . Es a partir del reconocimiento de estos centros vitales donde el aprendiz de Reiki madura la percepción y la intuición del campo energético, permitiéndole una base sólida sobre la experiencia física, emocional y mental del trabajo con Reiki. Es a partir de esta relación causal donde se aprecian las distintas armonías y desarmonías de nuestro organismo vivo.

Durante un tratamiento el terapeuta actúa como canal de energía a través de los distintos puntos energéticos. Es desde esa canalización donde se produce la  transmisión a través de sus manos, armonizando y beneficiando al receptor

. Esta acción permite que la energía de quien recibe el tratamiento circule con más fluidez y favorezca la descongestión de las zonas que así lo necesiten, ya sea tanto a nivel físico como emocional.

Trabajar con Reiki es por tanto acceder a todos los niveles de nuestra existencia, de tal modo que permite equilibrar cualquier desajuste vital a fin de tomar un control más profundo de nuestra vida. En definitiva es una herramienta disponible en todos nosotros que sólo necesita hacerse consciente a fin de facilitar la armonización de las adversidades del día a día. Los efectos secundarios de un medicamento, el tiempo de curación de una dolencia, el estrés, las preocupaciones cotidianas o las inseguridades propias de nuestro tiempo, son un ejemplo. Esto no quiere decir que el Reiki sea sustitutivo de ninguna medicina conocida, sino más bien un complemento excelente para todo tipo de tratamiento, ya sea físico, psicológico o espiritual.

Cualquier persona, no importa la edad ni el sexo, puede utilizar esta técnica, pues trabaja con nuestra esencia energética y eso es común en todo ser humano. Por consiguiente podemos aplicárnoslo a nosotros mismos con unas sencillas explicaciones, aunque eso sí, precisa de constancia y compromiso si queremos obtener resultados objetivos. En definitiva, el Reiki es una gran llave que nos abre a la evolución personal de nosotros mismos, aportándonos equilibrio y consciencia.

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