La democracia indignada

| 19 mayo, 2011 | 0 Comentarios

No nos representanDesde diferentes direcciones estamos viendo como la sociedadbienestante está transformando lo que ella misma fundó con el fin de proteger sus intereses, “la democracia”. Digamos que las diferencias entre los distintos grupos de poder y lo que a sus propias especulaciones se refieren han inducido, como ya era de esperar, a una nueva expresión de su violencia.

Desde que la sociedad moderna conociera la democracia representativa, los ciudadanos, atrapados en la romántica idea de un progreso social fundamentado en la idiosincrasia política, han estado aceptando el statusquo derivado de la sociedad de clases. Pero la vida siempre pone las cosas en su lugar y la anestesia sistemática empieza a perder sus propiedades y su inmunización se está expresando en forma de (r)evolución. Molestia que inquieta a los políticos en busca de la idea perdida.

El pueblo, en su propia naturaleza de receptor, ha adquirido poco a poco una sinergía potencial a través de los espacios que el mismo configura. Ciudadanos de todo el mundo a través de internet, nos muestran cada día un lugar donde todos somos iguales y esto está provocando que como mínimo, el debate globalizado se encuentre ya en marcha. Mientras, aquellos que ponen las barreras físicas y emocionales para que esta nueva realidad participativa no se pueda producir, siguen discrepando sobre cómo mantener un modelo social que sólo les pertenece a ellos.

La comunicación en red, ya sea a través de internet o aplicaciones móviles, está haciendo del ciudadano una persona operativa y más consciente de sus iguales y del mundo. Este fenómeno implica una vida social que hace de sus miembros un organismo vivo y conectado entre si y que deja de pertenecer a cualquier sistema socio-político conocido hasta ahora. Un espacio de rehabilitación social que se dirige hacia una Democracia Participativa y real. El peligro, eso sí, de este nuevo paradigma es la intervención de los organismos de poder quienes empiezan a tener en cuenta que, de no controlar la libertad y la información que comparten los ciudadanos, el pueblo podría organizarse hacia ese nuevo horizonte, histórico y sin precedentes. Y en cierta forma, es lo que ya está ocurriendo.

democraciaLo que se está poniendo en juego hoy es la responsabilidad individual respecto a la dignidad social de nuestras necesidades globales. Y a causa de lo que algunos han llamado “crisis”, la “democracia” es vista en estos momentos como un simple espejismo de uso comercial para la economía de unos pocos. Palabras como Democracia, Libertad o Igualdad, que nos incluyen de origen y por defecto a todos y a todas, han perdido toda la credibilidad y hoy se exige que sean REALES en su definición y forma.

No es posible mantener un estado “democrático” cuando la manipulación de la vida de todas las personas pasa por el daño colateral que producen las decisiones macroexistenciales de unos pocos y en pro de un Estado presente sólo en el hemiciclo del poder. La erosión del estado del bienestar y, al fin y al cabo, de las vidas de todos y todas, hace de la palabra “democracia” una muletilla política para justificar lo que estamos viviendo, un homicidio de la capacidad de las personas.

Este nuevo atentado político no es más que la sutil condición de una especie en peligro de extinción que a costa de su poder milenario necesita mantenernos subyugados. Y por lo cual jamas nos permitirán adquirir, como integrantes y miembros representativos de un país, una participación directa en los asuntos que nos conciernen a todos y a todas, por lo que tal conducta inadaptada a nuestro tiempo debe ser subrogada. La plutocracia siempre ha olvidado que la conciencia va por otro lado y en esta ocasión y a diferencia de otros momentos históricos, el gran ojo del pueblo empieza a despertar en sus casas, en sus manos, en sus personas y más allá, el poder sabe que nos necesita.

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