La Iluminación como camino

| 22 junio, 2013 | 5 Comentarios

mahavira

Gran parte de la cultura espiritual define el hecho de la Iluminación como un fin al que llegar, un camino en búsqueda de uno mismo que algún día con gran devoción ha de terminar no se sabe bien cómo. Sin duda la frustración de la mayoría que lo intenta es diaria, ¿cómo ha de ser alguien iluminado?, ¿cómo es estar iluminado a fin de cuentas?.

Entre los practicantes de las múltiples disciplinas espirituales está muy extendida la idea que iluminarse es conseguir una especie de revelación o regalo divino que proporciona un tipo de poder que nos distingue y hace especiales. Aunque algunas de las experiencias de la iluminación suelen tener relación con la adquisición de nuevos conocimientos (especialmente herméticos), o una forma de estado de armonización permanente, muchas son las escuelas que transmiten este camino con gran romanticismo y estructuras de comportamiento que ponen en peligro la integridad psicológica de la persona.

La forma más habitual de trabajar la espiritualidad, a fin de conseguir resultados que nos aproximen a esta experiencia iluminadora, pasa normalmente por la elección de un mentor o escuela (por ejemplo la Antigua y Mística Orden Rosa Cruz) que nos ayude y facilite herramientas para este arduo camino. Sin duda existen infinidad de trabajos espirituales o ejercicios para la transformación interior, pero dependemos de la buena elección del método, si a caso lo hay, para conseguir tan preciado tesoro. Lo importante es sentirnos fluir con la elección tomada.

Man's ConsciousResulta de una tristeza colosal ver como personas de éxito, místicos o maestros se pierden en las comisuras de su fama y conocimiento por haber obtenido un determinado grado de consciencia espiritual, ya sea por la constancia de su trabajo o por un mero ejercicio intelectual. En otras palabras, el poder del conocimiento responde con violencia a la mente de quien lo expone, ya que la práctica de la espiritualidad no nos separa del ego, es más, al contrario de la opinión tradicional, el trabajo espiritual nos permite acercarnos mejor a él y conocerlo más profundamente. De ahí el espejismo que se produce en la mente cuando se trabaja para el crecimiento personal, pues un camino hacia la iluminación implica un compromiso que no todo el mundo está dispuesto a asimilar. Enfrentarse a uno mismo a través de esta vía es una arma de doble filo que puede transformarse en algo peligroso.

La espiritualidad es un terreno tan o más complejo que la vida misma, y la curiosidad que despierta es cada vez mayor, no en tanto como algo religioso, sino como algo que en el fondo nos pertenece y sentimos. Quienes se adentran en el trabajo espiritual y responden con disciplina al compromiso adquirido, han de enfrentarse a pruebas interiores que por su sutileza pasan muchas veces desapercibidas y hacen caer al practicante, a menudo a expertos maestros, en la trampa de la mente.

La iluminación es un fantástico objetivo, pero alcanzarlo es más que un espejismo. Todas las disciplinas espirituales hablan de suprimir al ego, de anular su mediación en nosotros a fin de obtener la recompensa divina de ser grandes personas rectas e iluminadas, ajenas al apego. Pero por lo que a mi respecta es una mala traducción de la tradición espiritual, pues mirando con humildad este asunto caemos en la cuenta que sin un ego no hay individualidad que se manifieste. En consecuencia el alma no puede ejercer su consciencia en nosotros. Cierto es que el ego es el gran reto en el camino de la iluminación, pero volviendo a la humildad, algo que es esencial en nosotros reprimirlo no obtiene ningún beneficio, más bien nos determina a una forma de ser y en consecuencia nos conduce a la apariencia. En todo caso, experimentar el camino de la iluminación ha de pasar por comprender y destapar los secretos que encierra nuestro ego, para aprender a reconocernos con autenticidad, sin juicio y con amor.

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El ejercicio primordial de este trabajo es el dominio de la vida y el camino a seguir la constante educación de nuestro ego, pues alcanzar la iluminación es una auténtica batalla de amansamiento que se enfrenta sutilmente a los logros adquiridos día a día. Por ejemplo, un maestro que experimenta a través de su trabajo espiritual nuevos conocimientos ha de ser cuidadoso, pues su ego crece en la constancia de su trabajo y su poder es equivalente a su sabiduría. De ahí que la forma que obtenga ese ego dependa de cómo sea alimentado con nuestros pensamientos, con nuestras palabras y con nuestras acciones. Si acaso orgullosos de nuestros resultados sentimos atracción por un sentimiento de altividad, de regocijo por la experiencia adquirida, natural por cierto en la práctica espiritual, puede ocurrir y ocurre que nuestra consciencia sea vaga, como si de una sutil droga se tratase, ¡y e ahí el trabajo de quien se adentra en su espiritualidad!, su experiencia debe traducirla en observación, y no como si de un nuevo aspecto de nuestra sabiduría se tratase, pues hemos pasado de experimentar una vivencia sensorial a transformarla en una imagen mental, y esa imagen la recibe nuestro ego como respuesta a la satisfacción del trabajo realizado.

“Con el paso del tiempo te enfrentas a un monstruo cada vez mayor,
ese monstruo eres tu”
El autor

Si a caso pletóricos de verdad sentimos la urgencia de creer estar en el camino correcto, o ser poseedores de una u otra verdad y discutir con fervor por ella. Sin duda, esta experiencia nos ha conducido a un falso testimonio, pues no responder con humildad y gratitud a esas vivencias, sin pretensiones al fin y al cabo, nos distraerá del propósito inicial, de ese propósito que nos ha traído hasta aquí.

atado

Indagar en el trabajo espiritual requiere ante todo compromiso hacia uno mismo, a fin de madurar la habilidad de observarnos. Como se ha indicado se puede en el camino buscar guías, maestros, leer libros o recibir enseñanzas que permitan obtener herramientas para nuestra consciencia, pero nunca serán por sí mismas quienes nos muestren nuestra autenticidad, ya que sólo a través del ejercicio diario de liberar a nuestro ego de lo que no necesita y cree necesitar, podemos caminar tranquilos y tranquilas, y en consecuencia desapegarnos de nuestras imágenes mentales, para reconocernos sin esfuerzo en nuestra consciencia.

Sin un cuidadoso trabajo de observación y meditación, este camino puede convertirse en una cárcel para nuestra consciencia, pues darnos cuenta de lo aprendido requiere de una humildad y honestidad personal a la que no es fácil llegar. Compréndase así que nunca se trata de un trabajo intelectual o de convencimiento, pues de ese modo obstaculizamos nuestra consciencia espiritual. Si encerramos al ego en nuestra mente y lo alimentamos con dogmas y juicios, lo que en consecuencia obtendremos será un alejamiento de nuestro ser espiritual y de nuestra originalidad, es decir, nos alejaremos de vivir nuestra realidad auténticamente.

Para comprender mejor esto, lo que distingue una u otra experiencia es su mediador. Por un lado tenemos a la mente que actúa como espejismo de nuestro ser, y por otro la consciencia que tiene como fin la inspiración de eso que realmente somos. En el primer caso la mente determina lo que es correcto de lo que no lo es, estableciendo patrones de conocimiento que responden a distintos grados de vanidad personal, permitiendo a la mente cobrar más poder según el tipo de pensamientos con los que la alimentemos, pensamientos que a su vez son la expresión dominante de nuestro ego. Al contrario, en el segundo caso la consciencia actúa como facilitadora de nuestra atención, confiriéndole al ego la habilidad de escuchar, para reconocerse y observarse a si mismo sin limitaciones, sin formar parte del conocimiento que cree, sino de la experiencia de conocer y conocerse. En este caso no hay correcto o incorrecto, sino atención hacia las acciones diarias y de los beneficios adquirimos para con nuestra vida interior, sin juicio y desde el amor.

iluminacion

Concluyendo, el camino de la iluminación es un ejercicio que tiene como fin la purificación del ego a través de infinidad de pruebas que a diario nos comprometen. Un comentario, una crítica, un juicio, una decisión, son exámenes que nos sitúan en la disyuntiva entre la acción de la consciencia o la imposición de nuestras creencias, de nuestra mente. Es en este espacio donde elegimos entre la aceptación y a la compasión, o dirigirnos a un enfrentamiento que directa o indirectamente nos reprime de la autenticidad por la defensión de nuestro ego.

Un ser iluminado no es por tanto alguien con aspecto místico y hábitos austeros, sino la expresión misma de la templanza y el respeto, que responde si se le pregunta y que guarda silencio cuando es necesario. Dicho de otro modo, alguien iluminado no viene acompañado de una estética particular, sino más bien de una actitud solemne y grandilocuente, es decir, alguien hecho a sí mismo.

Dice la tradición que somos seres de luz, y cierto es, pues de otro modo no percibiríamos nuestro ser consciente, por lo que se puede deducir que todos y todas somos en potencia seres iluminados. Dicho con otras palabras, la semilla original está en nuestro interior, y no afuera, de lo que se puede extraer que nuestro estado de iluminación actual es el máximo estado de consciencia que poseemos hoy. En este sentido, la iluminación, lejos de ser una experiencia extravagante o un fin en sí mismo, responde a la transformación diaria que debemos hacer desde la observación y el compromiso para con nosotros mismos y en consecuencia para con los demás. De ahí que el ego no pueda ser aniquilado de nuestro ser, pues es el responsable de producir cambios en nosotros y desde el cual dependemos, si queremos, para crecer. Eso sí, para bien o para mal.

Recordemos que para obtener una experiencia original, hemos de comenzar por observar con humildad desde donde pensamos e identificar donde nos encontramos para con nosotros mismos: ¿nos encontramos en nuestro ego mental, o en todo caso en nuestro ego consciente?, ¿cuál de los dos está más presente en mi?, ¿qué me motiva a estar más en uno o en otro? ¿me reconozco en mis logros? ¿me siento en armonía conmigo mismo o por el contrario el sufrimiento está presente en mi?. Podríamos seguir haciéndonos preguntas, pero de esa mirada reflexiva, sincera ante todo, dependerá el grado de crecimiento que podamos obtener, abriendo o marchitando el corazón de nuestra rosa interior.

subconsciente

Ser un Budha, un Cristo, o un Caballero o Dama Rosa Cruz, sin duda parte de ese compromiso, de otro modo, mientras nuestra vida la miremos desde la mente, el juicio y el convencimiento, el camino hacia la iluminación será sólo un juego intelectual, quizás tranquilizador, pero nunca transformador u original. Seamos pues ante todo sinceros y sinceras para con nosotros mismos, pues toda decisión tomada en nuestra vida cotidiana, ya sea individual o colectivamente, nos responsabiliza ante la luz, y nos compromete ante los demás.

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5 Comments on "La Iluminación como camino"

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  1. Marialba dice:

    Bona tarda! No acostumo a escriure a blogs, però voldria compartir la meva opinió sobre la Il•luminació. Segons les ensenyances de Buda Sakyamuni, tots els éssers (humans i no humans) som éssers que podem obtindré la Il•luminació.
    Entenen per Il•luminació el Despertar, la sortida del sofriment.
    Els motius pels qual no som éssers Il•luminats es deu a les visions errònies, els vels, la ignorància, odi i aferrament, que no ens permeten veure la REALITAT tal com es.
    Estic d’acord amb el Marc que s’ha d’anar molt en comte, perquè molta gent quan practica l’espiritualitat, molts cops només enforteix el seu ego. Es molt millor llavors, dedicar-se a altres pràctiques.
    Però no estic d’acord sobre la visió de que es a través de l’ego que podem créixer, ja que entenc que l’ego s’ha de “matar”, es a dir s’ha de transcendir per poder obtenir aquest estat mental que anomenem Il•luminació.
    Segons el meu coneixement (molt poc) la obtenció de la Il•luminació, passa si so si (ara que aquesta frase esta al ordre del dia) per superar l’estat dual de tu-jo. I com es pot superar aquest estat amb ego?
    La Il•luminació es un estat mental, que no es pot entendre des del jo, perquè al dir jo ja limites, ja crees conceptes. I la Il•luminació va més enllà d’aquesta lògica conceptual de la ment mundana.
    Gràcies per les vostres aportacions. Espero que aquesta opinió pugui ser útil i perdó per les faltes comeses degudes a la meva ignorància.

  2. Emil dice:

    Genial! Realmente estoy de acuerdo contigo. Empezando que nunca se acaba de aprender en la vida, nadie es más ni menos de otro. Un reto muy importante para la iluminación, como para todos hechos, es disfrutar del camino, de nuestros crecimientos. Cada vez que se llega a una meta se aprende pero hay que seguir, cada uno con su ritmo o manera de ser. Cada uno es único y especial. nadie enseña nada a nadie, nadie “posee” ninguna verdad. Gracias!

  3. Mónica Suárez dice:

    Precisamente una de las funciones de la postración y del refugio en el budismo conduce a la disminición del ego, nos enseña que todos somos el mismo ser, por ello no hay nadie más arriba ni más abajo. La humildad ante el Buda es la humildad que se mantiene para relacionarnos con todos los seres humanos.

  4. Leido y contestando. Para mí es prácticamente imposible, pero intentaré hacer el comentario.
    Creo que la iluminación no es un camino sino más bien una meta, la cual no llegas a ver. Más bien creo que cuando dejas este mundo son los que te recuerdan por tú amistat, humildad, honradez, amor, y todas las virtudes que llevaste a la práctica en vida con todos tus semejantes, sin alardear de ellas, simplemente dejando que las disfrutaran a partir de ti. Este creo sinceramente que es el camino.
    Recibe un abrazo de tu hermano de nuestra Venerable Orden.
    Josep

  5. Esperanza Ocariz dice:

    Esto que me has mandado me hace pensar mucho. Te lo agradezco, me interesa leer estas cosas.

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