La muerte como transición radical

| 4 junio, 2013 | 11 Comentarios
Hace pocos días perdí a un gran amigo envuelto en la atmósfera frenética y traumática de un hospital, y a pesar de que fueron unos meses de larga agonía y espera, puedo afirmar que él está bien. Viví todo el proceso con mucho amor y responsabilidad de vida, y aunque el decaimiento fue constante en él, el acompañamiento que tuvo hasta el final por parte de su allegados fue ejemplar, siempre alegre y positivo. Mi experiencia si cabe fue particular, pues mi condición de reikista, me proporcionó, gracias al permiso del hospital, estar con él a diario fuera de horas de visita. Esto permitió que me aproximara a mi querido amigo de forma distinguida y con la finalidad de que nos envolviéramos juntos en un trabajo singular, lo que se tradujo en una experiencia armonizadora hacia una transición inevitable. Su transito ha abierto muchas reflexiones, pero sin duda condujo a quienes estuvieron ahí a un aprendizaje sobre el significado de sus propias vidas, del amor y de la muerte. Es por esta razón que siento la necesidad de tomar esta experiencia, como la oportunidad de hablar de este valor de la vida desde una perspectiva más amable y menos viciada por el imperativo social.

el bosco el jardin de las delicias

Es casi un convenio en nuestra sociedad, que el sufrimiento sea un hecho indiscutible cuando se experimenta la pérdida de un ser querido. Acostumbramos a ver su partida como algo horrible, traduciendo los sentimientos a través de un dolor incontrolable, quizás no tanto hacia el ser que se marcha, sino más bien como expresión del miedo a vivir nuestra vida sin su compañía. Sin duda lo que determina la vivencia de una muerte es la maduración que tengamos sobre ese hecho tan natural, de ahí que las personas vivan esta experiencia desde ángulos muy distintos. De esta compresión se determinará la prolongación del duelo y la madurez del hecho mismo en cada persona.

Lo más sorprendente es que a pesar de que la muerte se nos muestra a diario a través de los medios, sea en forma de ficción o de acontecimientos aparentemente lejanos, nadie nos explica cómo aprender a “morir” o cómo vivir la muerte. No sabemos cómo prepararnos para algo que no vamos a poder evitar, y en consecuencia, reaccionamos con miedo, sufrimiento y rabia. No se nos plantea, por ejemplo, que la muerte pueda ser un transito, una experiencia que forma parte del proceso evolutivo de la vida. ¿Qué sentido sino tiene la vida sin una lógica más profunda?

Transición

Los argumentos científicos ya vienen señalando esta idea, que todo cuanto existe es estimulado por un sin fin de partículas que una y otra vez cambian de forman a través de innumerables acontecimientos. Es más, la composición del universo es vista como una memoria viva en constante transformación, y la muerte una manifestación de esa necesidad de cambio. En otras palabras, el conjunto del universo evoluciona.  ¿Qué sentido tiene otorgarle esa idea a la existencia de las cosas y no hacerlo con uno de sus grandes misterios, la vida?, ¿porqué el Ser Humano iba a ser una excepción?.

Bajo este prisma podemos señalar a la muerte como un proceso de transformación radical, es decir, la culminación de un proceso a otro de la evolución a fin de que la vida pueda seguir su curso. Aunque esta exposición sea para la racionalidad humana una observación inaudita, la muerte esconde tras de sí lo que la ciencia persigue pero no consigue asimilar, a saber, la lógica de lo viviente. Visto esto, genera perplejidad aceptar cosas como “La energía no se crea ni se destruye, simplemente se transforma”, y ver como hacemos caso omiso de esto mismo en ciertas circunstancias. Cuestionar a la naturaleza con nuestra altivez, arbitrando una interrupción de su devenir porque vemos a la muerte como un fin absoluto, no sólo está violando leyes que nos superan, sino que nos convierte en completos ingenuos. ¿En qué cabeza cabe que le otorgamos al universo una condición tan grande para después quitárnosla si nos referimos a nosotros mismos? Es sin duda una contradicción en toda regla si concluimos que todo está sujeto al cambio (Heráclito, 470 a.c).

¿Y si la muerte no es el fin? No podemos ser científicos en lo micro, establecer leyes yin_yanuniversales y para que lo macro ignorarlas. La muerte tiene como fin la transformación y necesidad de la vida, ¿de qué otro modo se podría entender si científicamente está probado que todo parte del mismo origen? Está claro que no hay muchas opciones y que si atendemos a la vida, la muerte no es más que una vuelta a nuestras raíces, a nuestra esencia perenne. Negar esto carecería de rigor si partimos de la propia composición molecular de la que está compuesta la vida. El fin como condición absoluta pierde valor, si a caso, lo situamos en una delimitación de nuestro aspecto racional.

Tod@s venimos a transformarnos, eso dice la máxima científica. La evolución no es más que eso y la muerte el vehículo por el cual todo sigue hacia adelante y madura. Bajo los ojos de la racionalidad es más atractiva la idea de traducir la muerte como una forma de sufrimiento, pero si hemos comprendido la exposición, ni siquiera la pérdida del ser más querido a de sernos traumática, pues ese ser ha pasado por el transito del cambio antes que nosotros hacia una nueva forma de si mismo, nada más. En otras palabras, ha cumplido el ciclo que ocupaba su forma energética.  De ahí que el sufrimiento sea propio de los vivos, pues han de superar el desgarro energético que supone asimilar su vida sin el otr@. Sin duda despedirnos con una sonrisa y alegrarnos por la partida de un ser es sin lugar a dudas un acto de respeto y empatía, pues atendiendo a lo dicho más arriba todo evoluciona y por tanto nosotros también.

Sonriamos pues a la experiencia más grande que podemos vivir, pues llegado el momento de volver a casa, dígase de paso, será que ya habremos cumplido con esta vida en particular y debemos prepararnos para el siguiente ciclo de experiencias. Poco importará la edad o el tiempo que dure dicha vida, la energía sólo entiende la intensidad del tiempo vivido, y ese valor es incuestionable. La muerte es así, una experiencia que enseña a la vida a ser más completa y en consecuencia más rica en su forma.

Relog

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11 Comments on "La muerte como transición radical"

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  1. Lou dice:

    m’alegra que es pugui optar a viure aquesta experiència des d’una altra perspectiva més positiva i construtiva a fets que ens han ensenyat a que s’hagin d’afrontar amb sofriment i angoixa.
    No permetre que se’ns predetermini i condicioni com hem de sentir-nos, actuar i pensar.

    gràcies Marc!
    una abraçada.

  2. Mónica Suárez dice:

    Marc, gracias por compartir tus pensamientos. También como tu creo que nuestras culturas, han dejado a un lado la importancia del hecho mismo porque la ciencia no lo puede explicar y nos han trasmitido una serie de dolores e incomprensiones derivados de la ausencia, el apego y el miedo. Estoy segura de que esta experiencia ha llenado nuestra vida de conocimiento y como tu lo dices de transformación interior y de nuevos amaneceres para recibir el siguiente ciclo como un hecho supremo ligado a la esencia de la vida.

  3. Josep de Flix dice:

    El problema de fons és el que diuen contacte-retirada, no?
    Ens costa no quedar-nos enganxats a les coses i/o persones.
    La mort es una especie de bufetada a l’ego perque impossibilita
    qualsevol mena de control i/o comprensio. Es plena acceptacio.

    Accepto repliques…

    • marccarmona dice:

      Gràcies per l’aportació Pep, però ens pots explicar que vols dir amb
      “contacte-retirada”?

      • Josep de Flix dice:

        El contacte-retirada és la manera com ens aproximem i allunyem del que estim vivint a cada moment. Si jo ara mateix estic escrivint aquest article però estic pensant en què acabo de fer una rentadora o bé que d’aquí a no res he d’anar a buscar el meu fill a l’escola, vol dir que no estic fent un contacte prou real, no estic al 100% en el que faig en aquest precís moment. El mateix passa amb la retirada però pel darrere. Si en recollir el meu fill estic encara pensant en l’article, estic fent una mala retirada de l’acció prèvia. Tots dos, contacte i retirada, estant lligats sempre amb l’acció, pensament, emoció, etc. que acabo de tenir i la que estic a punt de tenir. És un tema d’aferrament (apego) en el fons.

        En aquest sentit, si la mort és la transició més radical, vol dir que és també el moment més difícil a què pot sotmetre’s la nostra dificultat de no aferrament. No volem deixar passar aquest fet que en diem mort. En no fer-ho, tergiversem tot l’acte. Arrosseguem el dolor (real) en patiment (no real, escollit). Si acceptéssim que cada instant és la mort del moment/emoció/acció que acaba de passar i de tot allò que estàvem fent, la mort seria una transició menys radical. Hi estaríem més avesats.

        • marccarmona dice:

          Preciosa reflexió Pep, gràcies per compartir aquest altre perspectiva per entendre aquest fet tan natural com és la mort.

  4. Tomeu dice:

    Epa,

    em sembla un treball molt interessant… afegeixo una sèrie de comentaris:

    crec que manca una referència al perquè que la nostra societat té por i fa un dol davant la mort… of course, és la “religió” catòlica.
    Hi ha llocs d’Europa mateix, on no es segueix el ritu “trist” rera la mort d’un estimat, o bé, també hi ha vessants més positives
    sota el meu punt de vista, cadascú és lliure d’adoptar la posició de comiat que desitgi davant de la mort d’un estimat, bé sigui dol, bé sigui “alegria”… però tampoc veig malament el dol, ja que és un procés natural del ésser humà davant una pèrdua… el problema pot ser la manera d’expressar l’obligatorietat que se li dóna aquí.

    El ritu és una cosa i la posició del la persona al respecte és una altra

    salut!

  5. Esperanza Ocariz dice:

    Lamento el disgusto por tu amigo, como soy mayor que tu,esto yo lo he pasado varias veces.
    La primera vez fue a los 7 años y creeme no tenia consuelo,al pasar el tiempo
    llegué a calmarme pensado como tu que es cambiar de existencia,que nó se anula nuestra energia esta en otro nivel.
    Un beso fuerte

    Esperanza

  6. Juan dice:

    Un homenaje muy bonito con esta reflexión tan bonita y profunda que nos brindas.
    “Cuando hemos realizado la tarea que hemos venido a hacer en la Tierra, se nos permite abandonar nuestro cuerpo, que aprisiona nuestra alma al igual que el capullo de seda encierra a la futura mariposa. Llegado el momento, podemos marcharnos y vernos libres del dolor, de los temores y preocupaciones; libres como una bellísima mariposa, y regresamos a nuestro hogar, a Dios.”Elisabeth Kubler Ross.

  7. Emil dice:

    Hola!Estoy de acuerdo contigo! Esta experiencia ha sido muy fuerte pero muy enriquecedora! Si acepto la vida tengo que aceptar la muerte, dos caras de la misma moneda. Aprendiendo, eso me gusta! Adelante siempre!

  8. Jose dice:

    En realidad la muerte es la ‘condición de posibilidad’ de la vida, ¡vivimos por que morimos, y cuando dejamos de morir, entonces dejamos de vivir!. Morir es renovarse, a mi edad ya no me queda casi ninguna célula de las que tenía cuando nací, todas ellas han ido muriendo precisamente para facilitar la vida de las que le siguen…morimos a la niñez y nacemos a la adolescencia y así sucesivamente…morimos a la vida en solitario y nacemos a la vida en pareja…la muerte (el desorden) es necesario para un orden posterior…

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