Pensamientos urbanos

| 18 octubre, 2010 | 0 Comentarios


“Es en el sudecer de las cosas donde se genera a razón de alguna extraña ley divina, el arte de compartir.
La natura apareció y ofreció su dispensario. El Ser Humano fue seducido y desde tiempos que nadie recuerda comparte una relación de necesidad, dicen los expertos, azarosa.
Y en ese capricho divino, la humanidad se ve supeditada a jugar a enseñar, a cuestionar las reglas de su existencia, siempre sometida a la coyuntura de su propia vanidad, pero sobre todo a juzgar(se) sin demasiado apuro.
La vergüenza no es sólo ajena, esconder el alma por miedo sólo garantiza sufrimiento, y a pesar que la naturaleza nos muestra sin vergüenza su desnudez, hombres y mujeres se visten cada día con el lenguaje a fin de esconder sin mucho éxito lo que realmente son. Hacen que escuchan mientras razonan sin dudar, se consideran oportunos mientras interrogan lo que acontece, y entre tanto se hacen fuertes y débiles, sensat@s y mediocres, sabi@s e ignorantes…
Una seducción que se impone.
Qué lástima que no se sepan más idiomas,
quizás la falta de entendimiento sea producto del exceso o carencia de palabras.
Aunque quien sabe, quizas el precio de vivir en la tierra sea una condena entre barreras textuales.
Sean pues más humildes con el lenguaje y escuchen antes de pensar, piensen antes de saber.
Tal vez su consciencia se avenga con más calma y pueda practicar nudismo todo el año.”


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